martes, 23 de julio de 2013

Crónica de un huerto 14: Días de sol y descanso

Hace mucho tiempo que no hablo de nuestro huerto. Tanto estudio sobre las Canarias me desvía de lo que tengo en casa. Otros quehaceres me limitan el tiempo pero, además, es que el huerto ya requiere más bien pocos trabajos. Los aspersores de las patatas y el riego por goteo le ha quitadon la gracia de andar encharcando los surcos y lo que ahora más necesitan nuestras queridas plantas es mucha paz y mucho sol para ponerse gordas y bonitas. 

  
Aquí tenéis una foto actualizada de nuestro patatal. Es el que menos ruido da y el que menos visitas recibe por el momento. Es la oveja negra del huerto y lo será, supongo, hasta que empecemos a hacer tortillas de patatas con el resultado. 


La huerta de los cantos, sin embargo, es mucho más interesante. Ya tiene pimientos colgado de las matas, la producción de calabacines ya está en pleno rendimiento, y el entretenimiento de ayudar a las judías a trepar por el andamio monstruoso es todo un éxito. Como todo el mundo puede observar y queda palpable, el andamio este año que se quedará. Yo sigo teniendo mis dudas de que termine convirtiéndose en la imagen idílica de un túnel verde y precioso pero ya he dado la lucha por perdida.


Y, bueno, cierto es que la actividad hortelana no se queda únicamente en dar al botón del riego y quedarse mirando. De vez en cuando uno se ve en necesidad de plantar alguna matita más en los huecos que faltan. Eso sí, estas cosas se hace al caer la tarde cuando ya no atiza el sol. Ahí tenemos a los guapitos en el proceso de plantación de una planta de pimientos.


Y, claro está, otra de las cosas que no nos pueden faltar son las lechugas. Está todo pensado. Unas se comen y otras van creciendo y, así, tenemos lechuga crujiente y recién cogida todo el verano. ¡Ñam!

Yo, por mi parte, prometo no dilatar mucho la espera de la siguiente entrega porque a este paso el huerto se agota y yo todavía no os he contado todo lo que tengo en la mochila.

miércoles, 17 de julio de 2013

Laurisilva en Los Tiles


Una selva antigua se abre camino entre los barrancos, un recuerdo de lo que, antaño, el mundo un día viera. Cuelgan las lianas y el mar de nubes trae gotas de lluvia a pintar de cristal tus hojas, empapar tu musgo y llenar los acuíferos de los que bebe tu isla bonita. 

martes, 16 de julio de 2013

Pinus Canariensis


Las hojas de apuntes se suceden de manera interminable y las letras acaban por medio juntarse y significar poco o nada. El pinar canario, que sobrevive a los incendios año tras año, parece ser terríblemente aburrido. Aquel que vive donde otros no pueden y que arraiga en la lava que un día abrasó todo...

Pero yo tengo suerte porque recuerdo aquella carretera serpenteante y minúscula que ascendía rápida hacia lo alto de la "Isla Bonita" y la luz mágica que pasaba entre las copas de los pinos, entre los barrancos. Una luz bella de atardecer que borraba los perfiles puntiagudos de las hojas y las hacía parecer bolas de algodón verde esmeralda...

Así, dejo a un lado el tedio y deseo volver para dejarlos que me embrujen de nuevo a la última hora de la tarde.

lunes, 15 de julio de 2013

Thank you, love

 

Hoy no tengo ganas de hablar de huertos porque tengo calor, estoy cansada, frustrada por perder el tiempo estudiando un examen injusto y cabreada con el sistema político de nuestro país y con la cantidad de chorizos y oportunistas que lo pueblan.

Y es en momentos así en los que quiero buscar imágenes felices al final del día para soñar cosas bonitas. Esta es una imagen feliz para mí: mi amor sonriente a la sombra de un manzano en un día relajado de verano. 

Y no sólo es especial porque te quiero sino porque me das aire que respirar y eres SIEMPRE la piedra firme que sustenta todos mis proyectos. Thank you, love. To destiny!

sábado, 13 de julio de 2013

Crónica de un huerto 13: ¡Nuestro primer calabacín!


¡Nuestro primer bebé a llegado a nuestra huerta! Y ahí donde le veis, ya está hecho pisto, uno bien rico. Hay quien dice que cuando las matas de calabacines se lían a dar fruto son imparables. A ver si es verdad y este año no tenemos que comprar ni uno más hasta el otoño.  

jueves, 11 de julio de 2013

Crónica de un huerto 12: Mariquitas mías

 

Mariquitas mías, lo que daría yo por estar en el pueblo y rondar como vosotras las plantas. Yo también quiero velar por su seguridad, en especial ahora que Genaro ha decido jubilarse. Pero aquí me hallo, inútil a vuestra causa y morriñosa.

lunes, 8 de julio de 2013

Crónica de un huerto 11: Genaro, ¿qué te hemos hecho?


Genaro, ¿dónde quedó aquel día en el que te convertiste en nuestro guardián? Ese primer día en el que aún conservabas la gorra y tu figura se recortaba altiva sobre el cielo del atardecer... Y, ¿qué me dices de los días siguientes? Cuando las hurracas te miraban desconfiadas y no se atrevían a poner sus patas sobre el huerto... Las tenáis a tu merced. Pero la decadencia pronto llegó a carcomer tu delgaducho cuerpo de palo. 

Lo primero en caer fue la gorra. Ese cabezón enorme y cuadrado no podía sostener la gorrita de propaganda que tuvimos a bien colocarte. Aún así, seguías erguido, manteniendo tu porte gallardo. Pronto, sin embargo, tus fuertes pectorales se te bajaron a la barriga y te convertiste en el típico hombre entrado en años con las patitas finas y un barrigón de miedo. Pero la gordura no había de durarte mucho tiempo... perdiste barriga y todo y te quedaste escualidito y sin autoridad ninguna frente a las traviosas aves que volvieron a zampar lo que veían a su paso. 

Pero es que ahora, Genaro, pareces haberte cansado incluso de estar de pie. Así nuestra relación no puede continuar. Yo sé que seguramente haya sido culpa nuestra pero tampoco es para ponerse así. Prometemos enmendarte, ponerte paja de la de verdad, quitarte esa camisa de cuadros horrible y, si es necesario, cambiarte de nombre y llamarte Geremías de una vez por todas. Pero, por favor, ¡no nos abandones!

martes, 2 de julio de 2013

Crónica de una huerta 10: La cuestión del andamio

Hemos tenido ya nuestra primera crisis hortelana que esperemos que se resuelva pronto para volver a la normalidad. Todo vino a raiz de la necesidad básica de las judías trepadoras de enroscarse en alguna parte y, como bien clarito lo deja el nombre, trepar. ¡Pobres judías! ¡Tendrán que subirse a alguna parte! Y aquí es donde viene el problema...



Parece ser que para el hortelano jefe no le eran suficientes los juncos del año pasado o los palos que mi abuelo le había indicado. Creo que es una cuestión de creatividad frustrada, ganas de grandiosidad, no lo tengo muy claro... Pero, en un descuido, el hortelano jefe ha plantado en todo el medio del huerto un pedazo de andamio que no se lo salta un caballo. 


Personalmente, creo que es una barbaridad tener ahí un mamotreto de hierro pintado de amarillo y creo que mucha más gente está de acuerdo conmigo a pesar de que les parezca extravagante y graciosa la ocurrencia. Casi me da un ataque cuando vi el panorama, así, sin previo aviso. No puedo visualizar la hermosura de la que me habla mi señor padre de dicho aparato ni tampoco su practicidad. Cuéntenme ustedes, ¿cómo vamos a poder pasar entre el frondoso e hipótetico túnel de judías trepadoras con esos barrotes cruzados cortándonos el paso? ¿Cómo vamos a coger las judías que crezcan por el interior del túnel intransitable? Como diría mi abuela, "esto no se le ocurre ni al que asó la manteca".


Pero por mucho que rabie, y a pesar de las continuas amenazas que he proferido contra tamaño despropósito, me da en la nariz que el andamio se va a quedar donde está. Las judías ya han empezado a trepar por él y una vez estén bien agarradas a ver quién es el listo que las cambia. 

De todo esto lo único que podemos hacer es aprender nuestra lección: no hay que dejar sin vigilancia al hortelano jefe porque es altamente peligroso.

miércoles, 26 de junio de 2013

Crónica de un huerto 9: Genaro el espantapájaros

Los ataques repetidos contra nuestras pobres plantas no pueden quedar impunes. Por eso, un nuevo personaje a entrado a formar parte de la huerta. No podía ser otro que un señor espantapájaros el cual fue mi obsesión durante todo el fin de semana. Quizá hubiera sido una buena idea mirar en algún lugar cómo hacer un espantapájaros en condiciones, pero como no se nos encendió esa bombilla en aquel momento y yo tenía las muchas prisas que me suelen caracterizar, hicimos lo que pudimos con las escasas ideas que se nos pasaban por la cabeza a esas alturas del domingo.


Primero procedimos a la fabricación de unas cruces con palos que tenía el hortelano jefe por ahí tirados. 


Después le pusimos ropita. Y el caso es que yo creo que este debe ser el espantapájaros mejor vestido de la historia. Le pusimos unos dockers viejos de mi padre y su buena camisa de cuadros. Esto fue claramente intencionado. Si queremos despistar a los pájaros tenemos que vestirle tal y como el hortelano jefe frecuenta la huerta: como un pincel. Eso sí, le faltan los zapatos.


Yo no estaba nada contenta con la idea de ponerle una cara malvada con los dientes picados pero Patrick insistió en que era absolutamente necesario que fuera terrorífico para el mejor ahuyentamiento de nuestros enemigos plumíferos. Con todo el dolor de mi corazón, eso fue lo que salió.



El resultado del espantapájaros posiblemente no fue perfecto, lo que se dice perfecto y, a pesar del gran trabajo de fijación que llevaron a cabo los chicos, creo que sigue algo inestable. Pero con sus fallos y todo, a ver si es capaz de espantarnos a algunos de estos bichejos destroza tomates.

domingo, 23 de junio de 2013

La luna sobre Toledo


La luna brillaba de una manera especial sobre Toledo. Se acercó más de lo normal a nuestro planeta para vernos bien e iluminar mejor que nunca los tejados, los campanarios y los sueños de los que todavía miran al cielo en las noches de verano.